David Correa

Nace en el barrio de Tacubaya de la ciudad de México en el seno de una familia humilde y numerosa. Desde niño ha sido reservado y solitario, motivos que lo hicieron convertirse en un gran observador de su entorno y a refugiarse en un mundo propio, pleno de magia y colores, mismo que lo llevó a desarrollar esa gran creatividad que ahora plasma en las obras que realiza.

 

Siendo básicamente autodidacta, ha participado en talleres libres de dibujo con maestros como Gilberto Aceves Navarro, de quien también fue asistente en su taller particular, Luis Nishizawa y Mariano Villalobos, entre otros. Correa ha hecho de la disciplina su mejor aliada, puesto que pinta un mínimo de doce horas al día, pues piensa que “para desarrollarse en el arte se necesita tiempo ilimitado, ya que sólo el trabajo es lo que hace al verdadero maestro, no las recomendaciones ni los grupúsculos en los que se retroalimentan el ego y la mediocridad”.Para este creador “el arte es la llave del mundo y debería ser accesible a todos, no sólo para un sector específico”, también dice que “el arte no debe ser explicado como un problema de álgebra, tan sólo debe sentirse”, y así mismo que “el arte debe ser agradable, por eso mi lenguaje pictórico es fácil de descifrar ya que su único fin es el de agradar al espectador mostrándole de la manera más simple un macrocosmos inocente en donde todo es posible, además, es lúdico porque de alguna forma seguimos siendo niños”.

 

Hasta la fecha, Correa ha participado en más de doscientas exposiciones en países como Italia, Belice, Argentina, España, Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Turquía, etc., y en donde el intenso colorido con que cubre sus obras se ha convertido definitivamente en su sello distintivo.

 

David Correa, quien ha aprendido a expresarse a través de sus pinturas, poco a poco se está colocando entre los talentos de su era.

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