Felipe Romero

Felipe Romero Cortés nace en la Ciudad de México. Tiene una infancia normal como cualquier otro niño los primeros siete años de su vida. A la edad de 8 años tuvo un accidente con los cables de alta tensión que le provocaron quemaduras de 3° grado en ambos brazos y espalda; esto ocasionó que sus manos perdieran movilidad por las quemaduras que estaban muy profundas en la piel y tuvieron que ser amputadas porque ya no las podía utilizar.

Con tenacidad, tuvo que enfrentar los problemas y poder vencerlos con los retos que se proponía a lograr con éxito. En las diferentes etapas académicas que tuvo, a sus 21 años logró concluir todos sus ciclos escolares desde el preescolar hasta la preparatoria.

Para volver a su vida anterior con las actividades normales que realizaba, tuvo que empezar de nuevo y al paso del tiempo fue desarrollando nuevas aptitudes y habilidades que no sabía que estaban dentro de él pues las desempeñaba con sus pies y sus antebrazos a fin de poder valerme por sí mismo, aunque al principio fue complicado, pudo adaptarse rápidamente. 


Estando en el hospital jugando con sus pies, le llamó la atención a una enfermera, ella se lo comentó a una de las trabajadoras sociales y fue así donde empezaron a buscar la manera de desarrollar esa habilidad que tenía y en esa búsqueda encontraron una Asociasión denominada Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie (APBP) donde pintan personas con diferentes discapacidades.
Como un reto empezó a  tomar clases de dibujo con un profesor que no podía usar sus brazos debido a la enfermedad que tenía y que ya era becario de la Asociación de Pintores.
Después de un tiempo gracias a la ayuda sus padres y profesores pudo encontrar el amor al arte, la belleza de la naturaleza y toda su fauna, pues había cambiado su perspectiva por completo: ya no veía un simple paisaje o un bodegón, pues ahora su vista se enfocaba en las formas de la cosas como lo son su color su textura, su sentido, incluso hasta su aroma se podía sentir y fue entonces como se pudo expresar libremente en la pintura, lo que realmente sentía con su nacionalidad, sus raíces, sus gustos de una manera más artística y así poder transmitir una sensación en el espectador.

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